La Fundación Carmen Gandarias, la Fundación Susana Monsma y ADEMBI han puesto en marcha en 2025 el servicio de puerta a puerta que facilita el acceso al Centro de Rehabilitación de Bilbao a personas que viven en la provincia de Bizkaia. Actualmente, lo utilizan una treintena de personas.
«Ahora soy independiente»
Desde hace 13 años, Marian se traslada semanalmente a ADEMBI desde su pueblo, ubicado a 36 kilómetros de Bilbao, para realizar, fundamentalmente, terapia de rehabilitación por su Esclerosis Múltiple. Antes hacía ese tránsito en transporte público. «A las siete de la mañana estaba ya en la parada del autobús y hasta el mediodía no volvía a casa», rememora. Esto ha cambiado con el nuevo servicio ‘puerta a puerta’. El minibús que comparte con otras personas de la comarca le recoge a las nueve en el portal y le lleva directamente a ADEMBI. «Ha mejorado mi calidad de vida porque puedo levantarme dos horas más tarde, pero, sobre todo, porque ahora soy independiente, ya no tiene que llevarme y venir a buscarme un familiar en coche a la parada, como antes». Ahora es más autónoma y puede gestionar su tiempo de forma más eficaz.
Esta mejora en el transporte repercute también en la adherencia a las terapias que sigue en ADEMBI, gracias a las cuales «no he empeorado». Además, procura seguir con los ejercicios en casa a lo largo de la semana.
«Estoy encantada no, lo siguiente»
En otra localidad equidistante, pero conexiones de transporte público muy limitadas, reside Mónica. Es usuaria del servicio de rehabilitación de ADEMBI desde hace 5 años. Hasta contar con el servicio de transporte ‘puerta a puerta’, su periplo para estar cada lunes en el Centro de Rehabilitación le llevaba más de once horas del día.
«Me levantaba a las seis de la mañana y llegaba a casa a las cinco de la tarde, con un cansancio y una fatiga horrible, arrastrando la pierna, tropezándome…», relata. A todo ello se suman obstáculos habituales como el frío, la lluvia o el viento que convierten estos tránsitos en una carrera de obstáculos.
Todo esto ha cambiado radicalmente. «Estoy encantada no, lo siguiente», asegura satisfecha. «Es como si me hubiera tocado la lotería, por decirlo así. Me levanto más tarde, me recogen en la puerta del portal y a las tres de la tarde vuelvo a estar en casa mucho menos cansada. Antes, me pasaba el lunes y el martes tumbada porque no me podía mover, estaba fatal. Ahora vengo muchísimo mejor».
Esta mejora repercute además en las terapias que realiza en ADEMBI donde gracias a las sesiones de fisioterapia ha calmado su temblor de mano y mejorado el habla con la terapia de logopedia. Además, se está animando a cocinar con el aprendizaje que recibe en los talleres ocupacionales. Aunque, reconoce, «sigo tirando del túper de mi madre».
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